Uno de los errores más habituales es cocinar la T-Bone directamente al sacarla del frigorífico. Al estar demasiado fría, el exterior puede dorarse antes de que el calor llegue correctamente al centro. Conviene dejar que pierda parte del frío y secar bien la superficie antes de colocarla sobre la parrilla o la sartén.
También hay que recordar que el T-Bone reúne dos carnes diferentes. El solomillo es más magro y delicado, por lo que se cocina antes que el lomo bajo. Exponer toda la pieza al mismo calor durante demasiado tiempo puede hacer que el solomillo quede seco. Para evitarlo, sitúa esta parte en una zona de calor menos intenso.
Otro fallo frecuente es mover continuamente la carne, pincharla con un tenedor o presionarla contra la parrilla. Estas acciones dificultan que se forme una buena costra y favorecen la pérdida de jugos. Es preferible manipularla lo justo y utilizar unas pinzas para darle la vuelta.
Una vez cocinada, no debe cortarse inmediatamente. El reposo permite que los jugos se redistribuyan por el interior de la pieza. Si se abre nada más retirarla del fuego, gran parte de esos jugos terminará en el plato y la carne resultará menos jugosa.
Al servirla, tampoco conviene cortar indistintamente toda la chuleta. Lo adecuado es separar primero el solomillo y el lomo bajo siguiendo el hueso y cortar después cada pieza en sentido contrario a las fibras. De esta forma, la carne resulta más tierna y se pueden apreciar mejor las diferencias entre ambos cortes.
Por último, añadir demasiadas salsas o condimentos puede ocultar el sabor de una buena T-Bone. Una cocción bien controlada, un poco de sal y, como mucho, un acompañamiento sencillo suelen ser suficientes.