En el norte de la península y en las aldeas rurales de Portugal, el tiempo sigue un ritmo distinto. Allí, entre praderas y un clima templado, se crían los bueyes que dan origen a una de las carnes más reconocidas por su sabor y textura.
Se trata de una carne proveniente de bueyes cuidados bajo estrictas condiciones, que garantizan su autenticidad y calidad superior.
Son machos castrados desde jóvenes, con una edad mínima de cuatro años y un peso que puede llegar a los 2.000 kilos. Se crían en libertad, siguiendo técnicas ganaderas tradicionales transmitidas de generación en generación.
Su alimentación natural se basa en pastos, forrajes y cereales autóctonos que aportan a la carne esa grasa infiltrada tan característica, responsable de su jugosidad y sabor intenso.